martes, 22 de noviembre de 2011
Buenos Aires. Por Antonella Alfonsi
Tandil. Por Melissa Guardia
Es para aquél que busca en el corazón de Tandil la paz del Calvario, si uno recorre paso tras paso la subida que parece interminable, ve en cada descanso el padecer de un Hombre Divino, siente como a uno se le estruja el corazón pensando que dio la vida por todos.
¡Chau MIEDO!
De chiquito me encantaba decir que no le tenía miedo a nada. Me hacía sentir grande, o fuerte. Siendo todavía un nene, un poco más crecido, empecé a descubrir que ciertas cosas me generaban bastante inseguridad, como por ejemplo un silencio absoluto estando solo en la oscuridad. Con el tiempo aprendí a apreciar el silencio, y dejé de darle el gusto a la oscuridad, pero fueron surgiendo otras inseguridades.
Es cierto, digo inseguridades porque no me gusta demasiado la palabra ''miedo''. Será que las primeras son más fáciles de enfrentar, creo yo. Es decir, la confianza en uno mismo es difícil de lograr, pero es más que posible. Muchas veces esas incógnitas que aparecen están relacionadas con tal o cual proyecto. Dinámica como es la vida, estos proyectos van cumpliéndose, o transformándose de a poco, a medida que recorremos más camino. Un miedo, en cambio, suele ser algo que te frena, una especie de barrera de mucha inseguridad, se podría decir. Ahora bien, ¿qué tiene de malo el miedo en sí? Después de todo, nos ayuda a ser precavidos, a pensar dos veces antes de hacer algo. O más o menos.
Hace algunos años me pesaba el hecho de no estar ni haber estado de novio. Sentía que no era tan mal pibe, y que tenía mucho para dar a la persona que se animara a intentar descubrirlo, pero nadie se animaba. Poco a poco, de una mala pasada a otra, fui aprendiendo que no tenía que pesarme, porque ''será cuando tenga que ser''. Además, alguna vez una amiga me dijo que no tenía nada de malo mi situación, y que me imaginara ponerme de novio tan sólo una vez y para toda la vida. ¡Qué lindo! Desde entonces anduve relativamente tranquilo. Sin embargo, últimamente me hago un nuevo planteo: ¿qué pasa si hoy por hoy ansío tanto esa idea y es por eso que no presto atención a quien quizás esté queriendo animarse a conocer lo que tengo para dar? Si es que tengo algo para dar, por supuesto. Quizás me pareció tan linda esa idea que ahora me aferro a ella con tantas fuerzas que tengo miedo de comenzar una relación que no me lleve a ella. Tenés razón, es más que un juego de palabras. No me refiero a ''ella'' la idea, sino a ELLA.
Así es, tengo miedo. Perdón, porque va con mayúsculas: tengo MIEDO. Ya pasa de ser una inseguridad como podría ser la de no conseguir trabajo el día de mañana, una vez recibido; la de no llegar a recibirme, en primer lugar; o la de perder alguna amistad por puro cuelgue. De tanto querer comprometerme seriamente, parece que le tengo miedo al compromiso. Pero la tengo clara, ¿eh? Me encanta conversar y escuchar a los que necesitan un oído al que hablar acerca de sus relaciones, e incluso me gusta aconsejar. ¡Yo! ¡Dando consejos! Eso sí que es gracioso. Y es que es interesante la forma en que uno puede tener otra mirada acerca de una situación cuando no está involucrado. Ahí es que somos capaces de abstraernos y dar nuestra opinión para tratar de acercarnos al bien mayor que está en juego entre 2 o, generalmente, más personas. ¿O no es así?
En menos de 24 horas dos personas diferentes me dijeron que se me notaba el cansancio. No es común que se note, o que me lo digan, al menos. Y eso me hace saltar la ficha para darme cuenta de que si dos personas que no tienen la más pálida idea de todas las cosas que se me pasan por la cabeza ahora mismo, se dan cuenta de algo que creo no suele ser tan evidente, entonces personas que están más involucradas con tal o cual situación se deben estar dando cuenta de otras cosas que quizás yo intento guardar para mí, de momento. Es decir, es muy probable que no me salga. Y sí, soy un ganso. A tal punto de que el otro día caminando por la calle estiré los brazos, cerré los ojos, e imaginé andar volando entre nubes de algodón, otra vez. No me da miedo imaginarme volando, pero me paraliza la idea de pegar un salto al compromiso de una forma que aquellas personas a las que no quiero preocupar, seguramente se estén preocupando. Pero la tengo clara, ¿eh?

Nuevo planteo: este salto puede significar la ruptura de un sueño, o bien su cumplimiento. De cualquier forma, la cuestión no tiene mayor importancia de momento. Tengo tiempo hasta que se aparezca la oportunidad. ¿O no? ¿Qué pasa si mi oportunidad (ELLA) está delante de mis ojos y no me doy cuenta? ¿Qué hacemos entonces? A lo mejor tengo que dejar de cerrar los ojos, poner en práctica una mirada más profunda, y así poder pasar de imaginarme volando, a emprenderme en un vuelo real y pleno. Les pido ayuda. Digamos todos juntos: ''¡chau MIEDO!''
lunes, 14 de noviembre de 2011
Dulce Despertar
Tuve un dulce sueño. Soñé con un mundo fantástico. En él no había días húmedos, ni de calor ni de frío excesivos. Tampoco había gente maleducada. No había corrupción ni maldad en las personas. El dolor y el llanto ya no existían. Pasaba un rato con amigos todos los días, y nunca pasaba mucho tiempo sin ver a alguno en particular. Yo siempre tenía razón. Estudiar me resultaba fácil, y podía aprender a cantar y a tocar cualquier instrumento sin esfuerzo. No vivía con constante dolor de cabeza, y podía tener a todas las chicas que quisiera. Además, todas las personas me querían. Era un dulce sueño, pero no era más que eso.
Al despertar, la realidad me sacudió. Me encontré con un mundo en el que un día de calor, o uno de frío excesivo, nos ayuda a apreciar un poco más el invierno o el verano, respectivamente. Cada mañana es hermosa, haya o no nubes, y sobre todo en la Feliz. Un mundo en el que aprendemos los unos de los otros al ver en el de al lado el reflejo de cosas que nos gustan y también algunas que no nos gustan tanto. Este mundo nos enseña a los golpes lo lindo que es poder quedarse con lo bueno de las personas, y aún quererlas con todo lo malo que tengan. El dolor nos hace crecer, y el llanto nos quita pesos grandes de encima. Es un mundo en el que al no ver a seres queridos por un tiempo, empezamos a extrañarlos, para que el reencuentro sea más emotivo. Él nos demuestra que no siempre tenemos razón, algo maravilloso que significa que siempre podemos mejorar un poco más. Algo importantísimo es que nos señala que lo obtenido con esfuerzo y trabajo duro, con pasión y compromiso, siempre tiene un mejor sabor. Es un mundo en el que mi cuerpo y mi cabeza me avisan cuando me paso de vueltas, para descansar y después arrancar con más pilas. Además, descubrí que no quiero tener a todas las chicas, sino que quiero ser de una sola. Sobre todo, es un mundo que nos indica que para ser felices no hace falta que todos nos quieran, sino que alcanza con unos cuantos que nos amen con sinceridad.
Es curioso, porque de un mundo fantástico pasé a uno más aún maravilloso. De un dulce sueño, pasé a un más aún dulce despertar. O quizás tan solo yo sea el soñador.
domingo, 13 de noviembre de 2011
Estrella. Por Francisco García Lópes
Era una de esas pocas ciudades donde el egoísmo era generoso pero donde la persona más buena podía ser la más mala.
El pueblo estaba contenido por un río, donde, en las lejanías, se puede divisar un muro sobre él.
Nadie sabe por qué está allí. Pero bien se sabe que las aguas enviadas por el demonio son las aguas hirvientes que fluyen de la Tierra desde el centro de la misma.
Los pobladores de Estrella son callados, enigmáticos y un tanto misteriosos; no hablan, no piensan, no viven. Uno mismo se siente extraño conviviendo con ellos.
El calor era insoportable en Estrella: existe una hora en el día en la cual está prohibido salir a las calles. Quien se osara al Sol, moriría en el acto, y su alma viviría vagando por el mismísimo infierno y sus deseos no abandonarían la ciudad. Algunos dicen que las ambiciones son un engaño del propio hombre, las utilizan para calmar sus mas profundos miedos.
Quién sabe las bestias que habiten los alrededores de la ciudad, quién sabe los secretos que se oculten en la sombra; la oscuridad de la noche imposibilita verlos y la única luz nocturna proviene de las estrellas, las cuales le tienen un aprecio especial a la ciudad, pues de ellas proviene el nombre, aunque el Diablo se lo haya dado.