martes, 5 de junio de 2012

El origen del tsunami. Por Julián Fontana (versión)


Al Tsunami se le dio origen un día cuando en el mar su Dios Poseidón gritó enfurecido hacia su esposa Pandora: -“Me fuiste infiel con Hades, el que reina en la oscuridad”, a lo que Pandora respondió: -“Es mentira, ¿quién te ha dicho eso?”, -“Mi mejor amigo Zeus, el que reina en las nubes”, dijo finalmente  Poseidón.
Pandora, descontenta con la situación, fue a ver a su amiga Hera, a charlar sobre lo ocurrido. A su vez Poseidón invitó a su amigo Zeus a alta mar para hablar sobre el engaño de Pandora hacia él, luego de un rato vio a Pandora engañándolo con Hades.
El segundo Tsunami, se dio cuando Pandora viajó a Tierra y destruyó todo el Olimpo, por lo que fallecieron varias personas, incluyéndola a ella. Esa información le llegó a Poseidón y lo deprimió mucho, lloro por días y días.
Su velatorio fue en alta mar, al que fueron muchos Dioses y Diosas del Olimpo. Poseidón se sentía culpable porque él había sido el que originó el Tsunami.

El dios Atlantis. Por Franco García (versión)

Miles de años atrás, la tierra era seca, sin ninguna señal de vida, ni verde, ni agua.
El dios Atlantis, vagaba en soledad por la tierra, sin nadie que lo acompañara en su vida eterna. Hasta que un día se le ocurrió crear a alguien para poder estar acompañado. Entonces, durante días que se hicieron semanas, que se hicieron meses, estuvo buscando la forma de crear algún compañero. Llegó un momento en el que pudo crear a su amigo, con el paso muchas lunas. Sin embargo, Atlantis pudo observar que con el tiempo su amigo se hacia mas débil y delgado, hasta que murió. Decidió entonces repetir la formula y crear otro compañero. Pero también moría de la misma forma que el primero.
Atlantis lloró por años, sus lágrimas inundaron la tierra separándola en grandes continentes. El agua que quedó, hizo crecer árboles y plantas en el suelo. Entonces, el dios creó dos compañeros que pudieran alimentarse de los árboles y beber sus lágrimas. Con el tiempo ellos tendrían hijos y habría siempre vida en la tierra.

La máxima rosa de la victoria. Por Melanie Mandagarán (versión)


Dicen que en las afueras de París, a pocos metros de Versalles, hace cientos de años, vivían dos pequeñas familias de altos títulos nobiliarios, con fortunas incalculables: una llamada Wilfe y la otra Widenton. Por una razón que se desconoce estaban enemistadas, pero los únicos hijos de ambas familias estaban completamente enamorados.
Leónidas Wilfe y Máxima Rose Victoria Widenton, sin que sus familias lo supieran tenían un romance de unos dos años. Ambos tenían quince años cuando se conocieron en la Boda Real de María Antonietta de Austria y Luis XVI, a la cual ambos asistieron: Leónidas como representante de la dinastía Wilfe y Rose como integrante del linaje Widenton y además como Duquesa de Kent, ya que en ese momento se encontraba casada desde hacía unas semanas, con el Duque de Kent. Este no había podido concurrir por su grave estado de salud, a causa de la peste negra, causa que lo llevó a la muerte dos semanas después. El flechazo entre Rose y Leónidas fue en el acto, ella lo conquisto con sus rizos dorados como el sol y sus dos ojos que parecían dos zafiros, tan azules y tan serenos, como el mismo Océano Pacifico. Pero Leónidas perdió las esperanzas al enterarse que estaba casada, aunque la volvió a recuperar cuando se entero de la muerte del Duque.
Meses después se volvieron a encontrar en una fiesta de disfraces en el Palacio de Versalles, en la que ambos bailaron toda la noche con una máscara puesta. Días más tarde, Leónidas viajó a Londres y le escribió una carta a Rose, quien también estaba en la capital inglesa, arreglando los negocios que el Duque de Kent le había dejado en la ciudad. En dicha carta expresaba lo dichoso que el sería si ella aceptaba su invitación a concurrir a una cena, ella accedió cordialmente. A las pocas semanas con Rose en la ciudad inglesa y Leónidas en París, se empezaron a enviar cartas con más frecuencia. Hasta que por fin el 22 de Mayo, Leónidas le declaró su amor en un campo no muy alejado de Versalles donde se encuentra una montaña y donde el suelo no es productivo por la falta de agua en el lugar. Rose de inmediato dijo que ella tenía el mismo sentimiento.
Pero la dicha les duró poco, porque ni bien llegaron al palacio para confesarle su pronto romance, la prima de Leónidas, Caroline, les contó la historia de odio que poseían las dos familias. A pesar de esto, la joven pareja decidió seguir con sus planes.
El tiempo pasó y no fue fácil tratar de ocultar el romance. Cinco años después, las familias de ambos jóvenes se enteraron, por lo que esta pareja de enamorados decidió escaparse al Imperio Ruso, en cual Rose tenía un pequeño castillo que lo había heredado de su anterior marido, que en el país ya dicho era Conde de Orov ya que pertenecía por sangre a la dinastía Romanov. Pero este intento de fuga fue nulo, ya que antes de salir de Versalles, el carruaje cayó de una montaña, la misma en la que Leónidas le había confesado todo su amor, este último murió en el acto y una de sus últimas palabras fueron “Nunca me olvides mi amor, Te amo”, y mientras agonizaba mencionaba el nombre de su amada, “Rose, Rose, Rose”. Rose de la tristeza lloró tres días y tres noches, a la tercer noche dicen que Rose murió, pero en el lugar donde la joven duquesa había muerto aparecieron las rosas más bellas que he visto en mi vida, y en el lugar donde Leónidas murió, surgió de la tierra los robles más fuertes y duros que he podido conocer. El camino en el que la carreta derrapó, hoy es la cascada más alta y por ella pasan kilómetros y kilómetros de agua, siendo hoy la más importante de toda Francia. Dicen que esa tierra ya nunca más sufrió la falta de agua ni la falta de producción en ese sitio.
Dicen que el Valle de la Victoria representa eso, el triunfo del amor sobre el odio, a pesar de que estos enamorados no pudieron cumplir su sueño de casarse y de tener hijos, cada vez que uno pasa por el valle recuerda a Rose y a Leónidas, y se recuerda cómo nuestros antepasados le regalaban una rosa cortada del valle a su amada en señal de amor eterno.

La centinela. Por Marina Genovés (versión)


Días antes del otoño, esperado por todo el mundo ya que al fin volverían sus compañeros vencedores de una guerra la cual les duró lunas enteras, la única hija del rey, Amaiké, estaba tremendamente emocionada por la vuelta de su amado, el más valiente de todos los guerreros. Ellos habían prometido casarse si él regresaba de la guerra. Así fue como, luego de pasado el tiempo de las luchas, su comprometido regresó sano y salvo. Los enamorados ya no podían esperar más tiempo para por fin comenzar sus vidas juntos. Sin embargo, uno de los integrantes del pueblo, reconocido también por excelentes participaciones al momento de luchar, estaba enamorado de la prometida de su compañero.
La envidia de este joven era tanta que la situación por la que él estaba viviendo se tornó inaguantable y fastidiosa. Un día, éste se dirigió hasta el lugar donde se encontraba el rey quien, además, no estaba a favor del casamiento de su hija con el guerrero. Fue por eso que se complotaron en un plan, justo para el día del casamiento. Habían inventado una historia, en la cual el prometido de Amaiké debía ir a defender a su pueblo, pero absolutamente solo. Amaiké aceptó la propuesta de su futuro esposo, quien le propuso que lo espere, porque él vendría para el momento del casamiento. Y así fue como él partió, de vuelta, en busca de la paz en su patria.
Algunos dicen que su compañero lo sorprendió y lo apuñaló, otros cuentan que el mismo rey le clavó una flecha directo en el corazón y que luego lo arrojaron al río, e l cual se tragaría todos los secretos del asesinato.
Amaiké, a pesar de que su prometido no volvía, seguía allí parada, con el viento acariciando su cabello, esperándolo. Pasaban las lunas, y la gente del pueblo la comenzaba a ver a Amaiké como una loca. Y con la esperanza que le brotaba de la piel, Amaiké se convirtió en una piedra, soñando con la vuelta de su amado, a pesar de que ella no estaba enterada de que él nunca más volvería.

lunes, 4 de junio de 2012

El milagro que hay en vos

Otra vez despierta el sol
que me invita a levantarme
aunque hoy no tenga ganas
de salir de este colchón
Con esfuerzo al fin me paro
y repaso la rutina
que me ayuda a protegerme
del dolor en mi interior
Pero aún me acecha ese sueño
que no llega a concretarse
y aunque no sea real me aferro
Sólo me queda el recuerdo
y el milagro que hay en vos

Porque volver el tiempo atrás
es tan solo una ilusión
No podés pegar la vuelta
cuando el barco ya zarpó
Hay que darle pa' delante;
aprender en todo instante
Cada día es un misterio
que nos hace renacer
Y si te cuesta darte cuenta
de lo mucho que valés
Asomate a un espejo,
ve en tus ojos el reflejo
del milagro que hay en vos

Cada risa es un regalo
Un tropiezo no es caída
Cada abrazo es un momento
de unión íntima y sincera
Cada piedra forma parte
de tu escalera hasta el cielo
Y si tus piernas se cansan
tenés alas de refuerzo
Escuchá siempre el sonido
de tu corazón latiendo;
marca el ritmo de tus pasos
y con fuerza anuncia siempre
el milagro que hay en vos